• Brígida Herrera Gutiérrez

Carta de una mujer italiana

Traducción de Kathleen Keller.


Os escribo desde Italia, así que os escribo desde vuestro futuro, ya que ahora estamos donde estaréis vosotros en unos días. Las curvas de la epidemia nos muestran que estamos todos entrelazados en un baile paralelo.


Imagen de Pexels en Pixabay

Nos encontramos un paso por delante en la línea del tiempo, tal y como lo estuvo Wuhan hace unas semanas. Vemos que os comportáis como nosotros nos hemos comportado. Tenéis las mismas discusiones que nosotros tuvimos hace poco tiempo entre aquellos que todavía dicen "todo esto por algo que es un poco más que una gripe" y aquellos que lo han entendido.


Desde aquí, desde vuestro futuro, sabemos, por ejemplo, que cuando os dicen que debéis seguir confinados en vuestro hogar, algunos citarán a Foucault y luego a Hobbes, aunque muy pronto tendréis mucho más que hacer. Sobre todo, comeréis. Y no solo porque cocinar sea una de las únicas cosas que podéis hacer. En las redes sociales, nacerán grupos que harán propuestas sobre cómo se puede pasar el tiempo de manera útil e informativa; os inscribiréis en todo, pero después de unos días no podréis más. Sacaréis La peste de Camus de vuestros estantes, pero descubriréis que realmente no queréis leerlo.


Comeréis de nuevo.

Dormiréis mal.


Os preguntaréis sobre el futuro de la democracia.


Tendréis una vida social irresistible entre aperitivos en chats, reuniones grupales en Zoom y cenas por Skype.


Extrañaréis a vuestros hijos adultos como nunca antes. Sentiréis como un puñetazo en el pecho al pensar que, por primera vez desde que se fueron de casa, no tenéis ni idea de cuándo los volveréis a ver.


Viejas disputas, viejas caídas carecerán de importancia. Llamaréis a personas con las que jurasteis no volver a hablar nunca más.


Muchas mujeres serán golpeadas en sus hogares.

Os preguntaréis qué pasa con aquellos que no pueden quedarse en casa porque no tienen una.


Os sentiréis vulnerables cuando vayáis al súper por calles vacías, especialmente las mujeres.

Imagen de Peter H en Pixabay

Os preguntaréis si así es como colapsan las sociedades, si realmente sucede tan rápido, pero no os permitiréis tener tales pensamientos.


Volveréis a casa y comeréis. Engordaréis.


Buscaréis vídeos de entrenamientos físicos en la red.

Os vais a reír, os vais a reír mucho. Saldrá un humor negro y sarcástico. Incluso aquellos que siempre se lo toman todo en serio serán completamente conscientes de lo absurdo de la vida.


Organizaréis encuentros en las colas fuera de las tiendas para encontraros con amigos en persona, pero a una distancia prudente.



Todo lo que no necesitáis será revelado claramente. La verdadera naturaleza de los seres humanos que os rodean se revelará con evidencia absoluta: tendréis tantas confirmaciones como sorpresas.


Los grandes intelectuales, que hasta ayer habían comentado todo, ya no tendrán palabras y desaparecerán de los medios de comunicación. Algunos se refugiarán en ciertas abstracciones inteligentes o palabrería sin empatía y al final dejaréis de escucharlos. En cambio, las personas a las que hayáis subestimado serán pragmáticas, tranquilizadoras, fiables, generosas, clarividentes.


Aquellos que invitan a considerar todo esto como una oportunidad para el renacimiento planetario os ayudarán a ampliar la perspectiva, pero también os molestarán terriblemente: el planeta está respirando mejor debido a la reducción de las emisiones de CO2, pero vosotros, a fin de mes, ¿cómo vais a pagar los gastos de vuestra vivienda? No entenderéis si presenciar el nacimiento del mundo de mañana es algo grandioso o miserable.



Haréis música en los balcones. Cuando visteis los videos de italianos cantando ópera, pensasteis: "¡Ah! ¡Esos italianos!”, pero sabemos que vosotros también cantaréis la Marsellesa. Y cuando vosotros también abráis las ventanas para cantar a todo pulmón Will Survive, os miraremos y asentiremos como nos miraba la gente de Wuhan que cantó desde sus balcones en febrero.


Muchos de vosotros os quedaréis dormidos pensando que lo primero que haréis tan pronto como termine el confinamiento es divorciaros. Muchos niños serán concebidos.


Vuestros hijos tomarán cursos en línea, serán insoportables, os darán alegría. Las personas mayores os desobedecerán, como adolescentes; tendréis que discutir para prohibir que salgan, se contagien del virus y mueran. Intentaréis no pensar en los que mueren en soledad en los hospitales. Querréis lanzar pétalos de rosas al personal sanitario.

Se os dirá que la sociedad está unida en un esfuerzo común y que todos están en el mismo barco. Será verdad. Esta experiencia cambiará para siempre vuestra percepción de las personas. Sin embargo, la clase social marcará una gran diferencia. Estar encerrado en una casa con una terraza y un jardín o en un bloque lleno de gente…no, no es lo mismo. Y tampoco es lo mismo poder trabajar en casa o ver tu trabajo desaparecer. Ese barco en el que estaréis juntos para vencer la epidemia no parecerá el mismo para todos porque no lo es y nunca lo ha sido.


En algún momento, os daréis cuenta de que es difícil, de verdad. Tendréis miedo. Hablaréis de eso con vuestros seres queridos o guardaréis la ansiedad sin compartir el peso para no preocuparlos.


Comeréis de nuevo.


Esto es lo que os contamos desde Italia sobre vuestro futuro. Pero es solo una profecía a pequeña escala, solo unos días. Si miramos hacia el futuro lejano, es desconocido tanto para vosotros como para nosotros, entonces solo podemos deciros una cosa: cuando todo esto termine, el mundo no será el mismo. Francesca Melandri

Traducción al español: Kathleen Keller


¿Qué os parecen las reflexiones de Francesca Melandri? ¿Habéis sentido algo así en las últimas semanas? ¿Nuestro mundo será realmente diferente cuando todo esto pase?


Será un placer leer vuestros comentarios.


Un saludo y ¡salud! para todos.


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